viernes, 20 de agosto de 2010

En defensa del andaluz



Hoy comparto con vosotros un artículo publicado en el blog "Identidad Andaluza"

La situación actual de la lengua andaluza no es sino el reflejo del momento en que se encuentra la cultura andaluza en general: represión, menosprecio, marginación, manipulación.

La peor de las represiones que puede sufrir una lengua es su ridiculización y eso es, precisamente, lo que ha sucedido con la peculiar forma de hablar que tienen los andaluces y las andaluzas. Los medios de comunicación ya nos han acostumbrado a identificar a quien habla en andaluz como una persona de baja instrucción académica o un "gracioso". Es muy normal considerar al andaluz, sobre todo en círculos universitarios, como un castellano mal hablado. Sin ir más lejos, en el número 1 de "Sociolingüística Andaluza" -revista de la Universidad de Sevilla- se dan instrucciones para que "el buen gusto" de los profesores de EGB seleccione y perfeccione en los niños andaluces su forma de hablar, corrigiendo las expresiones incorrectas que no sigan los cánones de la Real Academia de la Lengua Española. Según su autor, el vasco Vidal Lamiquiz, conocido entre sus colegas como "el maestro", "este perfeccionamiento del habla sería objeto de la estrategia pedagógica de la primera etapa de EGB".

Si lo que se pretende es que el alumno aprenda el idioma castellano, es normal que se den esas instrucciones. Pero el joven tiene un problema: en la calle escucha como a su alrededor se habla de otra manera y nada le dicen de esa otra forma de hablar. Nadie le informa de que eso se llama andaluz, es algo diferente al castellano y, por hablarlo, no se pierde la dignidad. En la estrategia de anulación de la identidad de un pueblo, el andaluz se ignora y se ridiculiza. Como mucho, según nos dice el propio Vidal Lamiquiz, cabe aceptar una forma culta de hablar andaluz que "mantiene su propio acento entonativo, un recatado seseo fonético, una suave aspiración y la expresión salpicada de vivas imágenes y logrado colorido. Es, en suma, la lengua hablada de los hablantes cultos andaluces y es también la lengua de los escritores andaluces". Es decir, se admite una nota "de color", que hasta queda bien. Todo lo que se salga de ahí, son arcaismos, vulgarismos o "tartajear", como señala Rafael Lapesa en su obra "Sobre el ceceo y el seseo de los andaluces": "...cecear existía desde el siglo XIII y tenía, además, la acepcion de tartajear".

Cuando un andaluz intenta imitar el habla de los castellanos, suele hacer el mayor de los ridículos. Esta actitud provoca la indig-nación de los andaluces sensatos, pero hay que ser comprensivos, es mucha la presión que se recibe. Veamos un ejemplo: en televi-sión aparece un señor que constantemente repite la misma cantinela en andaluz: "po sí". Al oir estas dos palabras, todo el estudio, incluidos presentadores e invitados prorrumpen en grandes risas y sonoras carcajadas, como si hubieran escuchado el mejor de los chistes. Ahora, alguien nos hace una pregunta y tenemos que contestar con la misma frase que el "personaje" de la tele. ¿Qué hacer? Si hablamos en andaluz podemos provocar igual hilaridad ¿Seremos el hazmerreir de nuestro interlocutor? No sabemos qué responder... dudamos... al fin se nos ilumina el semblante, y con una sonrisa de satisfacción contestamos: "puess sis".

Cuando los actuales medios de comunicación ridiculizan el andaluz, no hacen nada nuevo. Todo esto viene de muy atrás. Por ejemplo, el 23 de noviembre de 1925 se celebró en Andalucía "la cruzada del bien hablar". La imposición del castellano y la represión del andaluz que se ha llevado durante siglos a través de la escuela, ha calado tan hondo en el subconsciente de los andaluces que, sin querer, de manera automática, se tiende a "pronunciar bien" cuando se habla en público. Pero confundimos pronunciar bien - o sea vocalizar, empleando las palabras en sus justas acepciones, con coherencia y riqueza de vocabulario - con pronunciar imitando el acento de los habitantes de Valladolid. En este aspecto, los discursos de los políticos andaluces suelen causar vergüenza ajena, si en Andalucía hay una tremenda falta de identidad, en nuestros políticos, sean del matiz que sean, este déficit raya en el esperpento.

Sin embargo, las personas que apenas han pasado por el filtro castellano de la escuela son las que conservan el andaluz más vivo, precisamente por haber padecido menos "las correcciones" del colegio. En este sentido, es fácil constatar cómo las personas que se han instruido en lenguas diferentes del castellano (los habi-tantes de Gibraltar o los hijos de emigrantes andaluces que han recibido su educación en otro idioma) y su lengua familiar es el andaluz, son las que conservan un andaluz más auténtico, y no son precisamente analfabetas.

En Andalucía se da un claro "bilingüismo de tipo diglósico", caracterizado por hablar la mayoría de la población cotidianamente en andaluz y, a su vez, hablar en castellano los estamentos oficiales, los medios de comunicación y la enseñanza.
La diglosia andaluza es del tipo llamado "ortográfico", es decir, la población habla en una lengua (andaluz) mientras recibe su educación y escribe en otra (castellano). Esta situación ocasiona cantidad de problemas lingüísticos, dificultando el proceso de aprendizaje escolar, lo que produce una baja calidad educativa, crea un fuerte complejo de inferioridad y hace que más de la mitad de los escolares andaluces terminen con un incorrecto dominio de la escritura.

Pero, a su vez, ayuda a mantener una situación de claro colonialismo político, económico y cultural, por lo que desde el poder político nunca ha existido voluntad alguna de cambiar la actual situación socio-lingüística de Andalucía. La escuela (la ense-ñanza en general) y los medios de comunicación, son empleados por ese poder colonial para borrar y destruir las señas de identidad del pueblo colonizado. En la escuela andaluza se enseña la lengua y la historia de Castilla, por lo tanto se recibe una visión sesgada y empobrecida de la historia y cultura de España.
El bilingüísmo andaluz se caracteriza por:
- Las clases medias urbanas (mayoritarias en Andalucía) son bilingües. Hablan en andaluz, empleando el castellano en su forma escrita como lengua culta y literaria.
- La alta burguesía andaluza se expresa en castellano, tanto en forma oral como escrita, empleando esta lengua como un rasgo de distinción social.
- Los agricultores, ganaderos, campesinos y, en general, quienes viven en los pueblos de Andalucía, son, en gran parte, monolingües. El ciclo agrario andaluz hace que la escolarización sea muy precaria y el dominio de la escritura (y por tanto del castellano) muy rudimentario.

Los lingüistas se basan en unas premisas históricas falsas para negar a Andalucía el derecho a su propia lengua. La historiografía oficial, simplificando la historia, ha decretado que con la conquista de Castilla, desaparece en Andalucía todo el sustrato cultural anterior, naciendo una nueva Andalucía como apéndice de Castilla -"novísima Castilla", la han llegado a calificar algunos-. Sin embargo, cuando las premisas son falsas, se cae en la contradicción. Los mismos que defienden que con la conquista y repoblación de Andalucía nace una "Andalucía nueva, distinta de la hasta entonces existente y radicalmente transformada en sus estructuras básicas demográficas..." (Manuel González Jiménez, En torno a los orígenes de Andalucía: la repoblación del siglo XIII, Universidad de Sevilla), reconocen la escasa fiabilidad de las fuentes: "...en algunos casos, del repartimiento sólo han llegado hasta nosotros simples nóminas o listas de pobladores, casi todas ellas de escasa fiabilidad" (pág24), "Nunca llegaremos a conocer, ni siquiera de forma aproximada, el número de las personas que acudieron a establecerse en Andalucía a raíz de su conquista en el siglo XIII" (pág.45). Incluso se reconoce el fracaso de la repoblación oficial a la que aluden las crónicas tendenciosas de la época: "Es evidente que puede hablarse de un cierto fracaso, todo lo relativo que se quiera, pero fracaso al fin, de la repoblación "oficial" realizada en tiempos de Fernando III y de Alfonso X" (pág.156).
La historiografía oficial pasa por alto la existencia de una lengua romance en Andalucía, la lengua que hablaban todos los andaluces. Conscientemente nos identifican el habla castellana con un mensaje cristiano, haciendo una clara diferenciación, "recon-quistador": culto y cristiano, andalusí: pagano e inculto Se olvidan los historiadores que la conquista de Andalucía la efectúa Fernando III contra los restos del imperio Almohade, que para los andaluces eran tan invasores como los castellanos, y que muchos andaluces luchan junto a Fernando III contra los Almohades. Se olvidan también del sustrato bético de la civilización de al.-Andalus, que se manifiesta en muchos aspectos de la vida y que son los mismos que perviven bajo la dominación castellana. Tampoco se puede afirmar científica y categóricamente, como hace la historiografía oficial, que la población del Valle del Guadalquivir fuera expulsada -¿hacia dónde?- y luego repoblada por gentes del norte. Estas afirmaciones están basadas en ciertas crónicas que no resisten el mínimo análisis científico. Además, está demostrado que Castilla siempre careció de un excedente de población para colonizar, primero al-Andalus y América después.
En las escuelas, institutos y universidades se enseña a consi-derar las definiciones y conceptos casi como verdades absolutas e inmutables al paso del tiempo; pero las definiciones absolutas sólo se suelen dar en matemáticas, física o química, y con bastantes excepciones. No ocurre así en las ciencias llamadas "humanas", donde las definiciones se deben considerar como funcionales, es decir, nos tienen que ayudar aproximadamente a explicar un hecho. Esto sucede con la definición de idioma, donde además, y forzó-samente, entran en juego lo histórico, y sobre todo, lo político.
José María de Mena Calvo, en su muy conocido libro "El Polémico Dialecto Andaluz" (Plaza&Janes, 1986, pag. 29), nos aclara: "...Es vieja y bizantina la discusión de lo que son idiomas o dialectos: cuando un idioma produce literatura es idioma, y cuando no la produce es dialecto, dicen algunos. Cuando un idioma se ha desgajado de otro más antiguo, es dialecto, dicen otros.

En el fondo la diferencia entre dialecto e idioma viene a ser más cuestión política y económica que cuestión lingüística. Un dialecto del latín, pasa a ser idioma por razones de independencia política de su territorio. Un idioma pasa a ser dialecto, cuando se aísla y conserva en un rincón separado mientras que otro, en mayor dinamismo, se enriquece y evoluciona. Dejemos, pues, estos bizantinismos y concretémonos a decir que el andaluz no es dialecto en el sentido de hijo del castellano, porque posee muchos elementos ajenos al castellano, tanto en su fonética como en su sintaxis y en su vocabulario".

Comúnmente, se suele definir el idioma como la lengua común y normalizada de un país. Lo malo es que se suele confundir país con estado, y es aquí donde reside el problema político de la consideración de idioma. Pongamos tres ejemplos para ilustrar este problema: el gaélico irlandés era considerado, durante la dominación británica de Irlanda, como una lengua sucia y vil, propia del pueblo inferior que para ellos eran los irlandeses, sin duda, la consecución de la República de Irlanda y el recono-cimiento de su lengua, golpeó a alguna que otra mente imperialista. El segundo caso es el croata, este idioma tiene como principal diferencia con el serbio que el croata se escribe con caracteres latinos y el serbio con caracteres cirílicos, por lo demás ambos están dentro de la familia eslava y no existen grandes diferencias entre ellos, ¿qué pasó?, pues que al proclamarse Croacia como estado independiente, el croata automáticamente obtuvo la consi-deración de idioma. El tercer caso es más cercano y tiene que ver con la oficialidad del euskera, el catalá y el galego en el Estado Español, lenguas que deben su reconocimiento oficial, más a la pujanza y fuerza de los movimientos nacionalistas de estos lugares, que al respeto como lenguas diferenciadas o a la buena voluntad de los redactores de la Constitución.

¿Qué pasa con el andaluz? Muy sencillo: falta de voluntad política por parte de las instituciones andaluzas y falta de toda clase de voluntad por parte de los habitantes de Andalucía para considerar nuestra peculiar forma de hablar, en lo fonético, en lo sintáctico y en lo semántico, como lengua andaluza. Como fondo dos hechos claves: la falta de conciencia nacional de los andaluces y las andaluzas y la manipulación de todo lo andaluz por parte del poder.
Por lo que, vistas así las cosas, reflexionemos sobre el siguiente pensamiento: "Quien vive en una región habla un dialecto, el que vive en una nación habla un idioma".

Pero el andaluz, pese a quién pese, es una realidad lingüística que está ahí, y que cuenta, sólo por dar algunos detalles, con caracteres como el de nuestras vocales con un sistema cuadrangular (algo muy raro en Europa) con cinco grados de abertura y dos localizaciones que afectan a todo el sistema, peculiar, frente a otros idiomas románicos por su claridad, nitidez y gran efectividad lingüística; la forma única de formar plurales; la presencia de un fonema inexistente en castellano, conocida como h aspirada, habiendo de conectarse con los fonemas glotales del árabe; la relación de las eses andaluzas con los fonemas árabes "sin" y "shim"; la elisión de consonantes finales, particularidad ya encontrada en el latín de la Bética; la geminación, rasgo fonológico inexistente en el resto de hablas románicas de la Península, pero vivo en el italiano, se carga de valor distintivo, pasando de ser una mera variante fonética a un rasgo fonolófico diferenciador; sustitución de -r por -l, al parecer influencia del sustrato lingüístico tamazigh; el yeismo o la aspiración de la -h procedente de la -f latina y muchos más que nos llevan, una vez más, a encontrar el origen de nuestra lengua, no en un castellano corrupto, sino en una lengua autóctona desarrollada por los habitantes de al-Andalus.
¿Podríamos investigar la "koiné" andaluza? ¿Existe voluntad de indagar buscando la base del idioma andaluz? Ya Manuel Alvar (aragonés y catedrático de número de la Real Academia Española de la Lengua, por lo tanto "poco sospechoso") en su libro Estruc-turalismo, geografía lingüística y dialectología actual (Gredos, 1969, pag. 60) afirmaba: "En Andalucía hay una norma culta distinta de la castellana". ¿por qué, entonces, esa obsesión en ridiculizar y desprestigiar todo lo andaluz, sin querer buscar sus orígenes?

Hace algunos años, William J. Entwistle se hacía la misma pregunta al referir que, después de la conquista, los valencianos pasan a hablar un dialecto del catalán, los habitantes del Algarve del portugués y los andaluces del castellano. "¿Fue eliminado el mozárabe por ser en general semejante a una versión arcaizante y anticuada de cada uno de los dialectos triunfantes? ¿Hubo algún tipo de compromiso? Y si lo hubo ¿cómo se realizó? ¿En qué medida es el andaluz deudor del mozárabe, si es que lo es en alguna? La respuesta a tales preguntas hay que diferirla hasta que el andaluz sea adecuadamente examinado". (Las Lenguas de España, Istmo, Madrid, pags. 157-158)
A poco que investiguemos seriamente nuestra historia, más y más datos aparecerán para avalar nuestra teoría. El intento del poder por reducir nuestra lengua a una mera degeneración hay que buscarlo en mezquinos intereses de control político-cultural. Pero, aun admitiendo la teoría histórica del nacionalismo español, nadie puede negar el derecho de Andalucía a elevar su peculiar forma de hablar a la categoría de idioma si hubiera una voluntad mayoritaria entre sus habitantes y la existencia de una academia que esta-bleciera las normas. El que los lingüistas oficiales consideren al andaluz como dialecto del castellano no es óbice para coartarle una evolución natural que no tiene por qué coincidir con el castellano, a no ser que exista una clara intencionalidad política de que esto no suceda. Juán Carlos Moreno Cabrera, catedrático de Lingüística en la Universidad Autónoma de Madrid, en un libro que, además de un lúcido estudio sobre las lenguas es un alegato contra la intole-rancia, nos afirma rotundamente: cualquier variedad lingüística: valenciana, asturiana, balear, extremeña o andaluza, por poner sólo algunos ejemplos, puede dar origen a una lengua estándar si la comunidad que quiere desarrollarla e impulsarla dispone de los medios para ello (La Dignidad e Igualdad de las Lenguas, Alianza Editorial, 2000, pag.54)

Es inutil querer poner puertas al campo, quinientos años de aplanamiento lingüístico no han logrado acabar ni con la forma, ni con el estilo, ni con las palabras que se usan en Andalucía. La modalidad lingüística andaluza resurje con más fuerza y pujanza en cada nuevo periodo de libertades civiles. Volvamos al profesor Moreno Cabrera: Las lenguas artificiales se pueden fijar, idealizar y todo lo que se quiera, pero las lenguas reales no se dejan domeñar de modo tan fácil y se atienen a sus propias reglas de juego y no a las que les quieren imponer quienes desean que su variedad lingüística arrincone o denigre a las demás. (La Digni-dad e Igualdad de las Lenguas, Alianza Editorial, 2000, pag.59)

Seguramente los nacionalistas españoles habrán sonreido con satisfacción al conocer las teorías del lingüísta norteamericano Steven Fischer, quien nos ha sorprendido al afirmar que en el futu-ro Brasil tendrá una nueva lengua nacida de la mezcla del español y del portugués. Fischer asegura: "Las lenguas, como los seres vivos, están en continua transformación y proceso de enrique-cimiento", según el filólogo, "los idiomas no son piedras, sino esponjas", y el portugués de Brasil ha sufrido ya tantas transfor-maciones que "aún es la misma lengua, pero con enormes diferencias". Finalmente nos dice: "Si esa tendencia continuase, nos hallaríamos en seguida ante dos idiomas. Los brasileños ya no entenderán a los portugueses. No es que los brasileños hablen un portugués equivocado, es que lo hablan con una gramática diferente". Probablemente ningún filólogo español oficial cuestio-nará esta teoría. Pero, hagamos una prueba: donde pone brasileños escribimos andaluces y donde pone portugués escribimos español. ¿ A que ahora la teoría ya no parece tan buena? ¿A que ya no sonríe el nacionalista español? ¿A que Steven Fischer, una auto-ridad en la materia, famoso por haber descifrado las inscripciones de la Isla de Pascua, es un papanatas que sólo dice pamplinas?

Convencidos de que la historia nos enseña que, más tarde o más temprano, el uso natural de un idioma termina por imponerse en la esfera de las normas lingüísticas oficiales como lengua nacional, debemos trabajar para la recuperación, normalización y defensa de lo andaluz. Sabedores de que "la lengua es la más eficaz de todas las armas" debemos usar esta herramienta para sentar las bases de la nación y cultura andaluza en el próximo siglo.

Publicado por IDENTIDAD ANDALUZA


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